24 sept. 2008

De narcos a industriales

Por primera vez en nuestro país se pone en la balanza de las posibilidades el análisis de la factibilidad para legalizar el uso de drogas en México.
Por: Alejandro Esparza Farías y Espinosa.

Ciertamente haciendo algo de memoria, en el siglo XIX en Europa existía ya una fórmula compuesta por diversas sustancias que hoy están prohibidas; El Láudano. De este compuesto, La Wikipedia explica: “es una tintura alcohólica de Opio, preparada por vez primera por Paracelso”, alquimista Suizo. Contenía en algunos casos y según la patente, Morfina y hasta lo que hoy llamamos Cocaína. Ciertamente su uso medicinal se generalizó por sus bondades, siendo una de ellas el de un excelente analgésico inclusive contra los dolores graves producidos por el cáncer. Su legalización fue permanente y se dice que existe aún ello en España.

Más allá que establecer la cita como antecedente, porque hay ciertos países en que su comercio y consumo es legal, quiero intentar formular un análisis establecido en la importancia de la legalización de las drogas en nuestro país. La primera recurrencia social a la que me enfrento, es el origen de la propuesta gubernamental de posiblemente ver las causalidades de establecer este fenómeno. Hay un punto muy importante que observar desde este comienzo, la enfermedad de la adicción tiene en sí, varios propósitos establecidos por si misma como colaterales a su objetivo, que es el de finalmente consumir tal o cual droga porque el adicto-enfermo la necesita. Se le llama dosis. Dosis que en primera instancia deberá a partir de esta promulgación, estar reglamentada, pues ciertamente la prescripción deberá tener su propia figura dentro del entramado mencionado. Lo más importante es comentar que de hecho, la información al respecto del uso de tales drogas es escasa y por lo general, los adictos no tienen un control determinado de la misma. Son adictos porque sí en la mayoría de los casos. Porque existen fundamentos sociales, culturales, económicos, psiquiátricos y laborales y hasta de moda o búsqueda de aceptación para ello. Desde un impacto social, debemos observar esta realidad, al ser el consumo de las drogas generalmente una escapatoria, el uso recurrente y legal para las mismas puede causar serios inconvenientes simplemente al sospechar que entonces se podrá portar en sí dicho producto a cualquier parte. Este suceso implica nada más que una observancia cultural y educativa de profundo compromiso sanitario y judicial. O sea, me refiero al hecho de que en sí misma, la determinación de utilizar drogas es personal, y si no se tiene control sobre ello, será común tener cuidado porque legalmente ya cualquier fulano ande bien puesto. ¿No?.

El otro aspecto a observar es de suma interesante; la legalización de la Industria de las Drogas Prohibidas trae consigo la posibilidad de establecer un compromiso social como cualquier empresa. Esto de entrada, permíte a los hoy delincuentes dejar de serlo, -es ya un indulto o la oportunidad de resarcir su actividad moralmente, olvidando que antes eran sicarios-. Al establecer entonces su negocio como una empresa, habrá que darle un nombre a la misma, darla de alta en Hacienda y generar empleos que ya existen, pero serían formalizados. El beneficio que el gobierno obtendría sería inmenso porque la entrada por la vía de los impuestos implicaría un fuerte impacto económico en bienestar de sus funciones. Socialmente, el impacto redondeará en menos agresividad entre los bandos, agresividad mortal, y mayor esfuerzo por el famoso posicionamiento mercadotécnico, en aras de superar a la empresa rival. Siendo entonces ya más bien un juego establecido en aras de la feliz competencia.

El beneficio que el consumidor obtiene es en definitiva superar de entrada el estigma de delincuente o rebelde sin causa, aminorando con ello de entrada lo que Erich Fromm definiría como un factor clave de la enfermedad; la culpabilidad por estar haciendo algo prohibido. Y el apasionamiento por precisamente hacer lo estigmatizado en aras de divertirse ahora si sanamente pues en definitiva ya se puede festejar sin compromiso perjudicial, dixit; ¡Viva la Vida Loca!.

Por otra parte, y considerando la afluencia de lo comercial en el asunto, el cliente podrá llegar a los establecimientos señalados a comprar su cajetilla de churros “Amor y Paz”, presentación con 10 para no exceder dosis y ya forjados. Puede haber la versión Light, o sea, con filtro y con boquilla. Los amantes de las pipas podrán llegar posiblemente a Sanborn´s a solicitar su paquete de tabaco-mota perfumado. Respecto a la Cocaína, esta dejará de llamarse Grapa o Boya, para simplemente volver al famoso Gramo. Presentado finamente en alguna especie de cajita de plástico y popote incluido. Para los que se inyectan, podrá incluir paquete completo, y para quienes la fuman pues se me ocurre quizás un frasco en forma de elipse, en cuyo interior las piedras irán acomodadas como cierta marca de chicles lo hace. Lo verdaderamente cierto, es que las pastillas, tachas y demás compuestos extraños deberán obedecer ahora a normas comerciales en su distribución e implicará desde luego una visión más globalizante sobre el particular.

Estas exposiciones alrededor del tema parecen superficiales, pero creo que cuentan con un fondo encerrado el cual hay que descubrir desde nuestro criterio interior, antes que prejuzgarlo. Yo pienso que si vale la pena analizar estas posibilidades de legalización, el primer compromiso de facto es observar si en efecto nuestra sociedad está preparada para enfrentar una situación en la que en definitiva se abre las puertas libremente al consumo de estas sustancias. Entonces, hay que entender muy claramente los objetivos de la propuesta, más allá de que se trate de una medida estratégica de nuestro gobierno con tal de combatir desde esta perspectiva a ese tipo de delincuencia, sojuzgando además, que con ello, él mismo podrá estar facultado para su comercialización, y el establecimiento de la demanda generará Genéricos también en este otro medicamento. El rubro más delicado, fuera del combate al narcotráfico, vuelvo a insistir, será el impacto social sobre los consumidores y la comunidad a la que pertenecen. En segunda instancia, el hecho de corporativizar la industria y formalizar sus actividades cambiará por completo la esencia contra actual de su existencia a partir de la perspectiva de la que forman parte. Lo más sano es empezar por tipificar su consumo como enfermedad, salvo mejores opiniones, y a reserva de la aceptación de los consumidores ante ello. Además de cuidar estrictamente el hecho de que no se limite su consumo a los legalmente enfermos, por prescripción, porque entonces será volver a lo mismo dentro del mercado negro al que ahora pertenece dicha actividad.

2 comentarios:

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  2. La resistencia a legalizar las drogas viene de los beneficios que los funcionarios obtienen de su "sociedad" con los cárteles.

    Quizá tengan razón los roqueros, cuando convocan a cultivar la mota, no a comprarla, para no fomentar la corrupción:
    Siembra la marihuana, no la compres

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