15 oct. 2008

My Bloody Valentine - Loveless

Siempre que uno se topa con listas del tipo "Los mejores álbumes de la historia" o "Top 100 songs of all time" es recomendable leerlas con cierto escepticismo. Y fue con esa actitud con la que afronté una lista de Pitchfork llamada Top 100 of the 1990s.
En dicha lista hay algunas joyas indiscutibles como el Odelay! de Beck, The Soft Bulletin de Flaming Lips, Mellon Collie and the Infinite Sadness de Smashing Pumpkins, el Nevermind de Nirvana, entre muchos otros. En el primerísimo lugar, de forma bastante predecible, se encontraba el OK Computer de Radiohead.

Pero sin duda alguna la gran revelación para mí fue un álbum de una banda de la que había oído hablar pero cuya música nunca había yo escuchado: My Bloody Valentine, y el álbum se titula Loveless. Y está en segundo lugar, ni más ni menos, abajito solamente del OK Computer. Bastante notable, pensé, y procedí a "buscarlo" hasta que lo "conseguí" y pude darle una checada.
Escucharlo por primera vez fue curioso, por un momento pensé que el sonido era terrible y que la producción estaba bastante descuidada. Oh, qué equivocado, después de escucharlo más y más atentamente, me di cuenta de que mi percepción era completamente opuesta a la realidad: Loveless se trata de un álbum producido con un perfeccionismo casi enfermizo. Esto no quiere decir que el sonido sea perfecto, o que todos los instrumentos se distingan y estén claramente situados en un punto del espectro estéreo (casi todo el álbum es básicamente monoaural), más bien lo recomendable sería decir que la producción es la ideal, la adecuada para transmitir lo que al final se transmitió: una pared de sonido infranqueable, una especie de sensualidad hermética, un torrente de emociones superpuestas como las frecuencias sonoras de la música misma. Se trata este de un álbum difícil de describir sin caer en términos que ahora podrían ser fácilmente tachados de lugares comunes. Me es, inclusive, un tanto difícil de precisar por qué me gusta. El otro día platicando con Jacqueline le decía que Loveless es parecido a un platillo de comida en el que sientes que algo te gusta, un sabor deliciosamente familiar, pero que no alcanzas a identificar lo que es.

Por otro lado, Loveless pertenece al grupo de álbumes al que también pertenecen el Are You Experienced? de The Jimi Hendrix Experience, Marquee Moon de Television, Guitar de Frank Zappa, De-loused in the Comatorium de The Mars Volta, Abraxas de Santana, entre muchos otros: es una escucha imprescindible para cualquier guitarrista.
La cantidad de sonidos que Kevin Shields logra exprimir de su guitarra (tocada casi sin efectos, fuera de la distorsión) es sencillamente sorprendente. Escuchar "Blown a wish", "I only said" o "To here knows when" teniendo siempre en mente que están tocadas con una convencional configuración de voz-guitarra-bajo-batería es ser testigos de un músico (porque este es básicamente el trabajo de Kevin Shields) sacando todos los sonidos posibles de los pocos o muchos recursos que tiene a la mano. Su técnica que combina el uso de la palanca de trémolo al mismo tiempo que rasguea las cuerdas es uno de los rasgos distintivos de Loveless, dándole esa sensación como de estar flotando sobre las olas, esa ondulación sonora que está por sobre toda la música. Con este álbum, MBV logró como nadie hacer del ruido un elemento emotivo en la música, convirtió las contundentes y demoledoras paredes de sonido en la expresión de emociones casi sexuales, en la sublimación de lo imperfecto.
Esta aproximación al ruido como en elemento de expresión fue de gran influencia en bandas que vendrían después. Curiosamente es una influencia muy palpable en Radiohead (el final de "Airbag", "Arpeggi" y "Blow Out", por poner tres ejemplos de diferentes épocas de la banda).

Para terminar, hay que aclarar que Loveless es un disco difícil. Tan difícil es para el escucha realmente comprenderlo como lo fue para su disquera producirlo o para la banda grabarlo (se necesitaron dos años, 250,000 libras esterlinas y un montón de ingenieros y estudios para terminar Loveless). Si se avientan a escuchar esta joyita de principios de los noventa (en mi opinión lo mejor de la primera mitad de la década, aunque le pese a los fans de Nirvana), háganlo con la mente y los oídos dispuestos a escuchar algo nuevo, algo que desafiará muchos de sus conceptos, particularmente el concepto que todos tenemos de el ruido. Ódienlo, ámenlo, pero no lo dejen pasar de largo, Loveless es un gran álbum.

4 comentarios:

  1. Hola JAR, puedo preguntar, dónde consigo el Loveless?? pa bajarlo a ver q tal.

    ResponderEliminar
  2. Desde luego, la forma más recomendable es por torrent:
    http://thepiratebay.org/torrent/3569315/My_Bloody_Valentine_-_Loveless

    Pero puede encontrarse en SoulSeek, también.

    ResponderEliminar
  3. Sí Jorge definitivamente, es un disco dificil, aún lo digiero, lo escuché hace tres años, y ahora otra vez que traías la onda del Loveless, pero no, namás no, creo que me ayudaré fumando de lo mismo que fuma el Señor Shiva, para encontrarle el gusto.

    ResponderEliminar