16 feb. 2010

Los macboys al ataque

En mis aventuras he tenido la desfortuna de toparme con varios macboys. Suelen ser jóvenes entre 18 y 25 años, tienen hobbies como tomar fotografías artísticas (con cámaras instantáneas), ir a antros donde jamás me dejarían entrar y ser DJs. Todos comparten una característica: sus glándulas empiezan a segregar hormonas relacionadas con la excitación sexual cada que ven un artilugio gris con una manzana blanca dibujada. Están obsesionados con la empresa de Steve Jobs. Maman a Apple, pues. He visto comentarios como "oh, la iMac es una obra de arte" o "tengo que comprar ese mouse, es hermoso". Es un maldito mouse, niño, y uno bastante incómodo, por cierto. ¿Quieres un buen mouse? Logitech y Microsoft (¡!) son la respuesta.

Pero entonces vienen los comentarios de los macboys más pragmáticos: que si no le entran virus (falso), que si son más rápidas (todo depende de la configuración, desde luego), que si son más estables (esto depende de demasiadas cosas como para ser aceptado así nomás o, como dicen los escritores classy, "a pies juntillas"), que si son más bonitas (insisto, depende), etc. ¿Y qué pasa si algo llega a salir mal? Big fail, porque recordemos que las Macs suelen costar cuatro o cinco veces lo que costaría una PC con la misma configuración lo que multiplica cuatro o cinco veces el dolor que sientes cuando se te estriñe. Y no es más fácil de arreglar. Al ser uno de los sistemas operativos más cerrados que existen difícilmente puede uno sumergirse en sus cloacas para saber qué tubería se rompió. Esto no es mucho más sencillo en Windows, desde luego, pero con una base de usuarios mucho más amplia (y mucho menos elitista y mamona), es más sencillo encontrar una solución al problema.

No me malinterpreten, las Macs son MUY buenas computadoras. Pero no son la gran maravillosa perfección que Steve Jobs te quiere vender y que los macboys quieren comprar.

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