7 abr. 2010

¿Debería renunciar el Papa?

He aquí la respuesta de mi admirado Richard Dawkins:

No. Como el Colegio Cardenalicio reconoció cuando lo eligieron, él es perfecto - idealmente - calificado para liderar la iglesia Católica Romana. Un villano de mirada lasciva y bien vestido, que pasó décadas conspirando tras puertas cerradas por el puesto que ahora ocupa; un hombre que cree ser infalible y actúa de esa manera; un hombre cuya prédica de falsedades científicas es responsable de las muertes de incontables víctimas de SIDA en África; un hombre cuyo primer instinto cuando sus sacerdotes son atrapados con los pantalones abajo es encubrir el escándalo y condenar a las jóvenes víctimas al silencio: en corto, el hombre exacto para el trabajo. No debe renunciar, más que nada, porque está perfectamente posicionado para acelerar la caída de la malvada y corrupta organización cuyo carácter a él le queda como guante, y de la cual es el monarca absoluto e históricamente apropiado.
No, el Papa Ratzinger no debería renunciar. Debería permanecer a cargo de todo el pútrido edificio mientras tiembla - toda esta organización dedicada al lucro, la misoginia, el atragantamiento de culpa, el odio a la verdad y la violación de niños -, en medio de la peste del incienso y una lluvia de turistas del mal gusto, sagrados corazones y vírgenes absurdamente coronadas, sobre sus orejas.

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