8 abr. 2010

Pobrecita Paulette

Y pobrecita porque sus papis la usaron para hacerse famosos, especialmente su mamita, que tanto disfruta apareciendo en televisión tratando de conmovernos con sus lágrimas de cocodrilo, llenando espacios de televisión que podrían utilizarse para cosas mejores que la absurda obsesión con un caso como el que hay miles, para beneplácito de quienes aman sentarse frente a la televisión a trepanar su cerebro con los detalles escabrosos de las vida ajenas porque sus propias vidas son tan vacías que tienen que tener una vida vicaria, aunque esta esté llena de tragedias y de escándalos, para el regocijo de las televisoras que una ves más aprovechan el morbo y la poca capacidad crítica de un pueblo que vive a través de una pantalla de televisión con una coca en la mano y el control remoto en la otra que gusta de ver lo mismo repetido una y otra vez, un pueblo que considera interesantes las entrevistas a personajes tan obtusos como los jugadores de futbol o la mamá de Paulette o el galán telenovelero en turno o la chica-objeto de pechos y glúteos operados y piel restirada o un diputado cualquiera.

¡UN DOS TRES POR PAULETTE QUE ESTÁ DEBAJO DE LA CAMA!

¿Querían su circo, papi y mami? Pues tengan su circo, con payasitos como yo contando chistes como el anterior, con animalitos bien domados como ustedes, siguiendo los designios de (pero, en parte, controlando a) maestros de ceremonias bien experimentados como Televisa y TV Azteca, para un público enajenado y sin la capacidad de ver el espectáculo desde un punto de vista crítico como lo es el televidente (mexicano) promedio.

Pobrecita Paulette. Pobrecita, pero ya chole con ella.

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