2 jun. 2010

El instante mismo en el que mi cabeza tocó la almohada aquella se llenó de pensamientos sobre ti, de tu nombre, de sus matices y de sus voces, de su herencia centenaria. Pensé en tu mirada sonriente y en tus labios observadores. Pensé en tu cabello y en mis manos desarreglando tu cabello y en tu voz diciéndome que mis manos están desarreglando tu cabello y en tu cabello desarreglando mi voz y la piel de tu cuello liberando tu voz y en las estrellas que me ven atacarte sabiéndote indefensa y defendiéndote sabiéndome inofensivo, rompiendo el ruido con nuestro silencio y el tono de tu voz preguntándome si quiero asustarte, sí quiero asustarte, pero no hoy, ni mañana, tal vez nunca, pero un día.
Tengo sueño pero no puedo dormir porque tengo sueños, que últimamente son de ti y de lo que te rodea y cuando tu voz no está está la estrella polar de tu recuerdo siempre siempre siempre lista para guiarme para no perderme para no volver sobre mis pasos jamás, a donde no vale la pena regresar, no vale la pena salir del camino que lleva hasta donde te encuentras y yo, tú, tú, yo, siempre, tú yo, nunca jamás dentro de nosotros ni fuera de nosotros ni alrededor de nosotros siempre serás tú, siempre seré yo, punto y aparte.

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