9 jul. 2010

Ia.

Dicen que no hay nada como bañarse a las tres y media de la mañana cuando al otro día (mismo día, después de "dormir") entras a trabajar a las ocho. Bueno, no sabes si lo "dicen", se te acaba de ocurrir en este momento. Porque supones que alguien más piensa igual y que, además, lo dice. Y dudas que sea solamente una persona. Hence, "dicen".

Lo malo es cuando al día siguiente se te hace tarde para el trabajo. Pero te acuerdas de lo agradable que es desvelarte platicando con alguien especial durante varias horas, diciendo cosas cursis y cosas random y cosas cursis y random.

Son casi las cuatro de la mañana y no puedes dormir. Te sientes tan sólo y la única forma de sentirte tranquilo y conciliar el sueño es pensar en ella mientras escuchas música. Te das cuenta de que esta música cada vez sirve menos para ayudarte a dormir y que sirve más bien como un lienzo en el que dibujas su retrato, su sonrisa, sus ojos y tu reflejo en sus ojos como única firma. Piensas que tal vez ella tampoco puede dormir y deseas que sea por estar pensando en tí, por estar imaginándote y soñándote y sonriendo al pensar en ti.

Nada puede ser tan amargo o triste. Ella siempre te hará sonreir y te llenará de felicidad y de una sensación de que todo es está bien y estará mejor. Ella hace que dejes de envidiar a quienes no pueden amar. Pobrecitos.

Ib.

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano en tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano dibuja.

Me miras, de cerca me miras, cada vez más de cerca y entonces jugamos al cíclope, nos miramos cada vez más de cerca y los ojos se agrandan, se acercan entre sí, se superponen y los cíclopes se miran, respirando confundidos, las bocas se encuentran y luchan tibiamente, mordiéndose con los labios, apoyando apenas la lengua en los dientes, jugando en sus recintos donde un aire pesado va y viene con un perfume viejo y un silencio. Entonces mis manos buscan hundirse en tu pelo, acariciar lentamente la profundidad de tu pelo mientras nos besamos como si tuviéramos la boca llena de flores o de peces, de movimientos vivos, de fragancia oscura. Y si nos mordemos el dolor es dulce, y si nos ahogamos en un breve y terrible absorber simultáneo del aliento, esa instantánea muerte es bella. Y hay una sola saliva y un solo sabor a fruta madura, y yo te siento temblar contra mí como una luna en el agua.

- Julio Cortázar, Rayuela.

II.

Yo pensaba que tenía tiempo de conocerte. Pero estaba felizmente equivocado. Conocerte poco a poco y poco a poco descubrir lo que revolotea alrededor de ti y lo que habita en tu mente y en tu mirada y el secreto de tu sonrisa es lo mejor que me pudo haber pasado.

Escucho cómo empiezan a caer algunas gotas de lluvia y el sonido de la lluvia no me puede distraer de mi pensamiento más nítido...

III.

Empezó a llover. Esperas que esto no te impida verla hoy. Te asomas a la ventana. Llueve. Y llueve. Y te acuerdas de que olvidaste traer tu paraguas o cuando menos un suéter. Y el cielo no tiene pinta de calmarse pronto. Y solamente esperas que la lluvia no te impida verla hoy.

2 comentarios:

  1. No pudo con nosotros la lluvia, ni podrá nada nunca. Creo que me merezco un premio por que las burbujas que hice fueron las que más alto llegaron n__n
    Te quiero.

    ResponderEliminar
  2. Yo quiero premio también, yo hice las burbujas más grandes :(

    También te quiero...

    ResponderEliminar