7 sept. 2010

Yo quisiera tomar el teléfono y presionar el marcado rápido y escucharte contestar, decirte que todo está bien y que todo estará bien, sin importar lo que ello signifique. Eso quisiera hacer, pero la línea es tan frágil y el tiempo tan rápido y el dolor tan grande. Quisiera correr, desaparecer, o volar y verte sonreír otra vez, volverte a sentir temblar y suspirar en mis brazos, volver a verte comer (despacio como lo haces). La luz de la Luna, el calor del Sol, tu aliento, las calles llenas, las calles vacías, de noche, de día, la ruta 14 tan verde, tus ojos tan cafés, tu cabello tan negro, tu sonrisa tan misteriosa. ¿Y si te llamo en este momento? No debería, estás en clases. Y aunque no lo estuvieras no sé si sería apropiado. ¿Por qué eres tan orgullosa? ¿Dónde nacieron tus dudas y tus inseguridades? ¿Por qué no me permites una oportunidad de encargarme de ellas? ¿Por qué insistes en que nuestra historia de amor se terminó? ¿Por qué no mejor decir que se quedó en continuará? Todavía tengo en los labios el sabor de los tuyos, el dolor de tus mordidas, en mis manos todavía tengo la calidez de tu piel, en mi corazón todavía tengo un recuerdo tuyo tatuado, escarificado, un recuerdo de tu voz bajo los árboles que nos dieron sombra, que nos protegieron de la luz de las lámparas, el recuerdo de salir del cine luego de ver Inception, de nuestros intentos de hacer suertes con el yoyo aquella tarde en la Alameda, la primer canción que me regalaste, esa canción que me hizo sentir que había tanto adelante de nosotros, la tarde en que encontramos a Wally y sus libros perdidos, mientras afuera llovía como si nunca fuera a dejar de hacerlo, las librerías de viejo con sus libros empolvados que navegabas con entusiasmo y todos los recuerdos que dejamos pendientes, todas las estrellas que no contamos y la fragilidad de llamarte para decirte "hola, ¿cómo estás? ya lo sabes y no quisiera molestarte más con lo mismo, pero...", hay cosas que uno simplemente desearía gritarle al mundo. ¿Por qué tu silencio doloroso, tu silencio que nunca se hará costumbre como las más arraigadas ausencias? ¿Por qué romper los recuerdos? Correr, o tal vez caminar, encontrarme contigo, no para reconstruir los recuerdos, sino para crear recuerdos nuevos, para arroparnos con la oscuridad y desnudarnos con un suspiro, un temblor, una caricia, una mordida en los labios, una canción de My Bloody Valentine, las manos entrelazadas, tu cabello sobre mi rostro, apenas si tener voz para poder decirte al oído que nunca te fuiste, decirte las palabras que más de una vez estuvieron en mi boca pero no alcanzaron a salir, platicarte la forma en que los escalofríos recorren mi cuerpo al pensar en ti, lo mucho que mis ojos quieren volver a verse reflejados en los tuyos, lo mucho que mi sonrisa quiere ser el objeto de la tuya, que no hay día que no te piense y te sueñe, que no hay día que no te ame y desee estar contigo. ¿Y si te llamo? ¿Y si te llamo para decirte que escribamos la historia perfecta? ¿Y si te llamo para decirte cuánto quisiera simplemente verme en tus ojos? ¿Y si te llamo para decirte cuánto deseo tu respiración en mi oreja? ¿Para decirte que quisiera que recorriéramos otra vez esas calles? ¿Para decirte que quisiera que me tocaras? ¿Comer en nuestro restaurant favorito? ¿Besarnos? ¿Contarnos chistes? ¿Arrancarnos la ropa? ¿Hacernos cosquillas? ¿Platicar hasta el anochecer? ¿Compartir un helado? ¿Debería llamarte? ¿Debería decirte todo esto? O solamente escuchar nuestras voces otra vez, escuchar nuestras voces tratando de decir algo, o de decir nada, de callar... ¿Dónde estás? ¿Dónde estoy? ¿Y por qué no estamos juntos? ¿Por qué no quieres que estemos juntos?

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