19 feb. 2011

Radiohead - The King of Limbs


Radiohead nos volvió a sorprender a todos. Nadie se esperaba que la banda más importante del mundo anunciara, de la nada, que antes de terminar la semana lanzarían su nuevo álbum, que sería titulado The King of Limbs (TKoL). Y como si eso no fuera suficiente, un día antes de la fecha proyectada, se publicó un nuevo video en la cuenta de YouTube de la banda y se publicó que quienes habían ordenado el disco en la preventa ya podían descargarlo.

Se trata este de un trabajo muy maduro, en cuyas piezas percibimos un origen único pero un destino que difiere entre ellas. Pareciera estar dividido en dos partes: los primeros cuatro tracks y los cuatro últimos. La primera sección está formada por las piezas más experimentales, las que más recuerdan a los últimos diez años de la banda. La segunda sección es donde más se siente la evolución, es menos experimental pero más novedosa. Da la impresión de que TKoL simboliza el antes y el después de Radiohead, una representación del lugar de donde vienen y un atisbo de los caminos que están dispuestos a recorrer en un futuro probablemente muy cercano.

“Bloom” abre el disco con un piano que hace referencia al minimalismo de Philip Glass y una sección rítmica que me recuerda a los momentos más complejos de Drumming de Steve Reich. Hay en este respecto un guiño al corte final del álbum anterior, “Videotape” del In Rainbows de 2007 y a la frenética “The National Anthem” del Kid A de 2000. La, por momentos, abrumadora complejidad rítmica de esta pieza la hace una elección rara (pero curiosamente efectiva) para abrir el disco.
“Morning Mr Magpie” se trata de una pieza más rápida y comprensible que la anterior, con un trabajo guitarrístico sencillo pero espectacularmente efectivo. Una pieza que deben escuchar con más atención todos los que dicen que el trabajo de Ed O'Brien está ausente de TKoL.
“Little by Little” nos ofrece aún más trabajo guitarrero de primera con unos acordes profundos y danzantes que nunca se están quietos. Esta es, probablemente, la rola que más conecta TKoL con trabajos anteriores de Radiohead, hay aquí rastros del Hail to the Thief de 2003. Una gran pieza que sin ser espectacularmente genial o impresionante cumple con su trabajo. Llena de detalles que inevitablemente se escapan durante la primera vez que se escucha, esta pieza crece conforme nos adentramos en sus múltiples capas sonoras.
“Feral” es una incomprendida joyita cuasi-instrumental que a primeras oídas me pareció un relleno intrascendente pero que ha ido creciendo conforme más la escucho. Un ritmo vertiginoso, la voz sin palabras - como un instrumento más, un bajo sumamente simple pero efectivo, parece el marco perfecto para que Thom Yorke ejecute uno de sus ya famosos bailes. Una especie de collage musical que sirve de puente para entrar a la segunda mitad del álbum.
“Lotus Flower,” el primer sencillo del disco, es sin duda la estrella de este álbum, y es dominada completamente por la sección rítmica de Colin Greenwood (bajista) y Philip Selway (batería). Con una línea de bajo con una inventiva por la que yo, como músico, siento una gran envidia de la mala, Greenwood se luce en ese track como en ningún otro. Selway nos ofrece un trabajo con su firma por todos lados: ritmos complejos, profundamente enraizados en la tradición del jazz, pero que nunca distraen la atención de la canción como conjunto, sin adornos ni florituras innecesarias, limitándose a cumplir su función de ser los cimientos para el resto de la banda.
“Codex” nos recuerda que todo disco de Radiohead necesita al menos una canción en la que el piano sea la base. Tenemos una melodía hermosa en la voz que hace que sea este track, junto con el siguiente, una de las piezas más emotivas de TKoL y que pareciera estar aquí para contrarrestar la aparente oscuridad y monocromía del resto del álbum. Una pieza bellísima con unos arreglos orquestales breves pero preciosos, seguramente a cargo de Jonny Greenwood. Tan bella como delicada, pareciera que el optimismo creado por sus acordes de piano fuera a deshacerse a la menor provocación de una disonancia. Nunca sucede.
“Give Up The Ghost” es el track acústico del álbum, con un ritmo sencillísimo, una guitarra acústica tocando variaciones de dos acordes básicos, un juego de múltiples voces creando una armonía preciosa. En pocos momentos entran las otras dos guitarras eléctricas, apenas sirviendo de marco para la voz y la guitarra de Yorke. Se trata este de un tema hermosísimo, delicado, casi una canción de cuna para toda una generación, una canción de amor para la humanidad.
“Separator” es sin duda alguna el tema donde la banda mejor se luce como un todo, una canción irónica en su título porque une como ninguna otra a los integrantes de esta la mejor banda del mundo para demostrarnos cómo y por qué se ganaron este título. Phil Selway cada vez me sorprende más, su capacidad de crear patrones rítmicos engañosamente simples parece inagotable y se luce en este track como en ningún otro. Una rola muy digna de cerrar The King of Limbs, el primer gran álbum del 2011 y de la década.

La atención al detalle puesta en TKoL puede llegar a ser abrumadora. Nunca un álbum de Radiohead me había exigido tantas escuchadas para empezar a sentir que lo estoy comprendiendo, lo cual es aún más peculiar al tomar en cuenta es su disco más corto en cuanto a duración (alrededor de 37 minutos) y el que menos canciones contiene (ocho). Tal vez sean sus dimensiones menores las que hagan que TKoL suene tan denso (tan espeso), tan lleno de ideas y conceptos en tan poco tiempo y tan pocas canciones. El sonido en general de TKoL me recuerda muchísimo a los más oscuros b-sides que Radiohead sacara entre 2001 y 2005.

Mucho se le ha criticado a TKoL el sonar demasiado a Thom Yorke. Me resisto a pensar lo mismo y considero que esta idea es fruto de juzgar el álbum tras escucharlo una sola vez, grave error tratándose de una obra con tantos niveles sonoros y para cuya apreciación se requiere tomar en cuenta sus múltiples dimensiones y lecturas estéticas. Consideremos "Bloom", la pieza abridora, es muy jonnygreenwoodesca y nos remite directamente al soundtrack avantgarde que el guitarrista hiciera para el documental/collage Bodysong. Hay en "Codex" unas cuerdas que también son obviamente producto de la pluma de Jonny Greenwood y que me hacen pensar en la banda sonora de There Will Be Blood (filme que en México recibió el insulso nombre de Petróleo Sangriento). "Little By Little" tiene un sonido reminiscente de la época del álbum Hail to the Thief. "Separator" es una gran pieza donde se luce muchísimo la sección rítmica de Colin Greenwood y Philip Selway. Desde el OK Computer (1997) no habíamos escuchado un disco de Radiohead en el que pareciera que toda la banda participa en todas las canciones.

En definitiva, The King of Limbs es simplemente un gran álbum que resultará, sin embargo, difícil de digerir para muchas personas, especialmente para los oídos menos acostumbrados a las experimentaciones electrónicas más aventuradas. Es un disco denso, con momentos sumamente oscuros y herméticos que contrastan con otros más luminosos y accesibles, aunque estos últimos resulten ser los menos. Radiohead, en cierta forma, está jugando una carta parecida a la que jugó con Kid A hace 11 años: un álbum arriesgado, sin concesiones, sin miedo a recorrer caminos desconocidos. Un disco donde poco les importa la opinión de la crítica o lo que reseñas como esta tengan qué decir. Un disco tan desafiante que necesita de tiempo en los oídos para ser apreciado en toda su magnitud. Y cuya grandeza solamente será descubierta luego de escucharlo decenas y decenas de veces.

O tal vez no.

No hay comentarios:

Publicar un comentario