2 abr. 2011

Nunca pensé que las pesadillas pudieran ser contagiosas. Que un día alguien te diga que ha estado soñando cosas feas y que luego seas tú quien tenga sueños desagradables. Como si fuera una gripa o algo así que se pega por un beso, por compartir el vaso o el páncreas.

El caso es que ella me dijo "he tenido pesadillas". La abracé y en la noche tuve pesadillas yo también. Le llamé por teléfono para contarme y me dijo que ella había soñado algo parecido pero que, a diferencia de en mi sueño, no era un asesino en serie famoso el que nos perseguía a los dos, sino que nosotros éramos una pareja de psicópatas persiguiendo a alguien más a quien asesinábamos al alcanzarlo, para luego abrir su cuerpo y comernos sus entrañas.

No supe qué decirle así que traté de desviar la conversación hacia otras cosas, como mis clases de karate que apenas había empezado una semana antes o las de arpa que ella empezaría el próximo sábado.

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