19 may. 2011

Querido diario...

En días recientes he adquirido una costumbre rara de escribir una especie de diario. Escribo varias veces al día, cosas personalísimas que no me gustaría publicar en cualquier parte, algo 100% confesional. Lo hago en un editor de textos sencillo. La parte importante de este proceso de desahogo es que, al terminar, elimino el texto y el archivo. Nunca lo guardo. No puede ser releído, o consultado después.

Esto es bastante liberador. La mayoría de las veces se trata solamente de sacar las cosas. Y dejar que esos escritos estén guardados en un archivo en mi computadora no suele ser necesario. Es más, la mayoría de las veces es poco deseable.

Tú crees que ya no escribo nada sobre ti. La verdad es que nunca había escrito tanto sobre alguien como en meses recientes.

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